En Mache el día abre sus alas
con canto de zorzal y gorriones
y el "café de trigo tostado"
es brasa que enciende corazones.
Allí crecía un niño puro candor
con ojos que buscaban querer
y a su lado un gigante de nieve
que el destino, llamó Moro al nacer.
Era adulto con alma de niño
era risa, era sombra, un tesoro
cada vez que lo nombro en silencio
me envuelven esos días de oro.
Moro no era un burro cualquiera
era rayo con cascos de acero
era la luna pastando en la pradera
era hambre de risa y de centeno.
juntos sembraron primaveras
juntos cegaron los inviernos
la risa fue semilla en la ladera
y el secreto durmió en trigos tiernos.
En el carnaval del setenta y cuatro
fueron relámpago en "burro cros"
un desvío les cambio el destino
preludio de un inminente adiós.
La vida, ese río que todo lo cambia
arrastró al niño a otro mar
y Moro se quedó sin su sol
solo, con el viento y su pesar.
Dicen que una tarde postrera
la tristeza le apagó el andar
que el dolor lo volvió silencio
y el cielo lo fue a reclamar.
Hoy en noches frías de Roma
galopa mi memoria sin rienda
y me cae una lágrima amarga
evocando su partida lejos de aquí.
porque fuiste más que un tesoro
fuiste hermano, fuiste bondad
y aunque el mundo te llamó Moro
yo te nombro, simplemente Libertad.
Mache te cantará algún día
gigante blanco, corazón de oro
yo no te olvidaré mientras viva
mi gran amigo, mi burro Moro.
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